lunes, 17 de octubre de 2011

SEMANA SANTA



Las procesiones, además de los hermosos pasos representativos de la Pasión del Señor, eran concurridas con gran devoción. Las damas y caballeros ostentaban lujosos vestidos de seda y paño de fabricación española; uno era el miércoles de ceniza, otro vestido para el Jueves Santo y otro de luto para el Viernes Santo; otros especiales para el Domingo de Ramos o para el Domingo de Resurrección.

Las grandes procesiones eran: La del Santo Sepulcro, el Viernes Santo, la procesión de la Soledad, El Sábado Santo, la procesión del Resucitado y el domingo de Pascua.

El Jueves Santo era el día más importante de la semana y el día de la gran cena familiar, con numerosos platos y mucha bebida entre las comidas.

La contrarreforma en el siglo XVII dio especial importancia a la procesión y ceremonias del Viernes Santo. Las ideas de pasión, amargura, dolor, corona de espinas arrepentimiento y las escenas bíblicas de la pasión de Jesucristo, dieron una significativa trascendencia el Viernes Santo en la Semana Santa, especialmente en España y en sus colonias Hispanoamericanas.

El mundo cristiano de la época contemporánea ha dado especial relevancia al Domingo de Resurrección, pues es la celebración de la vida cristiana en sus grandes dimensiones y la alegría del pueblo creyente ante la resurrección de Cristo.

En las ceremonias religiosas siempre se ha considerado muy importante la presencia de las autoridades civiles y militares. En la época hispánica asistían el corregidor de la Provincia de Tunja, los alcaldes, alférez real y los regidores del Cabildo. En los siglos XIX y XX destacamos la presencia del señor Gobernador del Departamento, miembros del gabinete Departamental. Alcalde, concejo municipal, autoridades militares y establecimientos educativos.

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